A los que juegan a perderte déjales ganar. En muchas ocasiones nosotros nos aferramos a amores malos, simplemente por mero gusto, costumbre o hasta pinceladas de efímero placer, que no pasa de una noche. Y a veces por muy bueno que sea la relación íntima con alguien o por cualquier razón, nosotros como personas debemos valorar nuestra presencia y lo que aportamos a la otra persona. De no hacerlo, corremos el riesgo, de estar atrapados en una mala relación, y nos perdemos de buenas experiencias.



Es por eso, que necesitamos dejar que la gente que no quiere estar, que no se quiere quedar; que tome vuelo, que parta, que se marche. No podemos mantener aferrados a los ausentes, aunque sus cuerpos están aquí, sus mentes divagan en un mar de pasiones, en las cuales nosotros; ya no estamos.


A los que juegan a perderte déjales superar, dado que no valoraron el tremendo afecto que significaste. A los que juegan a perderte, permíteles un espacio ausente de ti, de reconcomios ocultos, de ensueños sin despreocuparse y de perplejidades frías. De tardes sin tus besuqueos, sin domingos sin tus gachas. Porque tú no perdiste, él está sin ti. Déjale vencer, tú sobrevivirás, encontrarás tu pueblo entre el amanecer; ahora no te derrumbarás al gozar la verdad. Porque no hay ninguno en el globo tan fuerte como tú. Al anochecer volverás a germinar.
Si juega a perderte, déjalo allá, no sufras más cariño, no desgarres tu ánimo, pensando en lo que de tu fortaleza se fue. Este te buscará entre los derribos de su separación, ahí adonde inmediatamente no estás tú. Ya no tendrás que sobrevivir mintiéndote, diciéndote que este coito es beatífico; asimismo cuando por interiormente tu espíritu, sufre. Pues recuerda, que el interior, le pertenece a la sonrisa que le hace sonreír. A los que juegan a perderte, déjales obtener, ya que tú eres demasiado cariño para tanta carencia, para tan desidia para gol desamor, y para tanta negación de fogosidad y voces dulces.


A los que juegan a perderte déjales ganar. Pues los has de llevar en el corazón, pero no en tu vida, pues tú no perdiste, ellos te dejaron ir. Que es diferente. Pues quizás tú nunca les dejes de amar, pero si aprenderás a vivir sin él. A los que tientan al destino descuidándote, déjales cumplir su cometido, pues tú no les dejarás, ir; ellos mismo o estuvieron ni estarán.

Pues al final cada experiencia te hará más fuerte, moralmente más resistente, y mentalmente más preparada. Un poco rota, pero más fuerte. Porque llegó el día en que tu dignidad dijo: “no es para tanto”, porque aunque le quisiste mucho, le quisiste mal. Y el día en que sonrías sola, duermas sin esperar mensaje alguno, y te arregles para ti misma, lo habrás comprendido.



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